Nota de prensa N° 43- Food Monitor Program
La quema de basura en La Habana: crisis de servicios urbanos, riesgo sanitario y afectaciones indirectas a la seguridad alimentaria
La Habana, 22 de febrero de 2026
En la última semana, se han intensificado en redes sociales las denuncias sobre la quema de desechos en distintos puntos de La Habana. El fenómeno aparece asociado a la acumulación de basura en zonas urbanas, debido a la falta de combustible para organizar su recogida. Se trata del colapso del saneamiento urbano como parte de la precarización sostenida de capacidades municipales para garantizar servicios básicos y proteger la salud pública.
Según numerosos reportes, los desechos sólidos se acumulan en vertederos desde hace más de dos semanas, aunque estos se encuentran en plena vía pública y sectores residenciales, comprometiendo el funcionamiento de la comunidad. El último episodio, en parte consecuencia de este fenómeno, fue la proliferación de mosquitos portadores de arbovirosis; sindemia cuyo pico de infección tuvo lugar hace menos de tres meses.



La respuesta de las autoridades ha sido la quema generalizada de estos basureros. Sin embargo, la medida no es más que una salida desesperada que está provocando humo persistente y partículas negras cayendo sobre la ciudad. Según fuentes oficiales, La Habana contaría con unos 10.000 contenedores, aunque requeriría de tres veces esta cifra; mientras que, la recogida diaria habría descendido a la mitad de los volúmenes anteriores de 25.000–30.000 m³. Además, la disponibilidad técnica del parque de camiones en la capital se sitúa entre el 37 % y el 44 % de los que en realidad deberían estar operando.
Según el monitoreo de testimonios por parte de Food Monitor Program, los focos de quema indiscriminada apuntan a una dispersión territorial, así como a una diversidad de métodos y actores. Entre las locaciones afectadas se encuentran: Centro Habana, Guanabacoa, Vía Blanca, Plaza de la Revolución (Factor/Conill, Estancia/Conill, Santa Ana/Estancia), Lawton (Lagueruela entre 8 y 9), Puentes Grandes (Parque Metropolitano), entre otras locaciones de la ciudad. Se registran casos de quema por determinación vecinal ante la concatenación de basureros en un mismo perímetro, con afectaciones intensificadas por el aumento de temperatura y la descomposición orgánica. Igualmente, técnicas sostenidas por parte de la Empresa de Servicios Comunales, responsable de higiene y saneamiento urbano, dan cuenta de quema en zonas residenciales y sensibles como las cercanías del Hospital Clínico-Quirúrgico de 26, así como de afectaciones respiratorias en población vulnerable de la zona.



Food Monitor Program subraya el patrón consistente de este fenómeno: colapso del servicio sanitario dentro de la crisis multifactorial en Cuba, acumulación sostenida de residuos tóxicos y desplazamiento del control de vectores hacia prácticas de alto riesgo como la quema abierta. En este caso, la quema y acumulación de basura impactan la seguridad alimentaria por diferentes vías dentro de un circuito de degradación material:
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Residuos orgánicos expuestos incrementan la proliferación de vectores que contaminan entornos domésticos de preparación y almacenamiento de alimentos. Este panorama expone aún más a personas en condición de calle que hurgan en los basureros en busca de material reutilizable, exponiendo aún más su integridad física.
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La propia escasez de combustible que paraliza la recogida de residuos impacta el transporte de alimentos, movilidad de trabajadores y capacidad de sostener cadenas de frío. La crisis energética repercute en servicios urbanos y disponibilidad de bienes básicos, incluida la alimentación.
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El casi nulo abasto de energía eléctrica imposibilita la refrigeración, lo que lamentablemente, aumenta el desperdicio orgánico debido a pérdidas de alimentos perecederos, y ese desperdicio vuelve a presionar el sistema de residuos.
Desde el punto de vista sanitario, la quema abierta de residuos en entornos densamente poblados implica exposición a contaminantes atmosféricos con evidencia consolidada de un daño que ya ha venido siendo visible en la cocción mediante combustibles no limpios. Instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) subrayan que la contaminación del aire exterior causa millones de muertes prematuras con mayor influencia sobre población vulnerable y carga de género, por lo que abogan por políticas de gestión sanitaria para reducir fuentes de contaminación. En específico, el material particulado (PM2.5/PM10) puede penetrar profundamente en los pulmones y entrar al torrente sanguíneo, con impactos cardiovasculares y respiratorios.



En un escenario de quema de residuos “mezclados” (plásticos y otros productos industriales, textiles, restos orgánicos), la exposición se vuelve más compleja porque incluye gases irritantes y partículas con cargas químicas diversas. A esto se suman contaminantes orgánicos persistentes relacionados con la combustión incompleta y con el riesgo de deposición de cenizas sobre superficies, objetos y zonas domésticas, así como entornos citadinos, escuelas, hospitales, entre otras vías adicionales de contacto y exposición.
La quema de basura en La Habana es un síntoma de ruptura de la infraestructura de cuidados colectivos (saneamiento, salud ambiental, prevención) y un amplificador de desigualdad territorial, (la exposición se concentra en barrios específicos y en población vulnerable). Esta no es una causa aislada sino el desenlace natural ante la falta de gestión eficiente sobre bienes y servicios públicos en Cuba, que ya han dado muestras del quebranto de la salud de los cubanos, como la proliferación de vectores portadores de chikunguña, dengue y otras fiebres.
Food Monitor Program conmina a estrategias de contingencia que partan de un plan sostenible por parte de la administración oficial de residuos, desde el respeto por la vida de los residentes en las zonas afectadas. El desafío inmediato es detener prácticas de alto daño; el desafío político de fondo es reconstruir capacidad pública y rendición de cuentas en servicios esenciales.
