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Nota de prensa N° 51- Food Monitor Program

Cocinar cuesta más en Cuba: el régimen dispara el precio del gas en medio de una crisis alimentaria cada vez más profunda

Madrid, 27 de julio de 2026

En una economía donde preparar un plato de comida se ha convertido en un desafío diario, el Gobierno cubano decide aumentar nuevamente el costo del gas licuado de petróleo (GLP). La nueva tarifa fija el precio oficial del cilindro de 10 kilogramos en 350 pesos cubanos, además de incrementar el costo del gas manufacturado y anunciar la futura venta de cilindros y accesorios en dólares estadounidenses, una medida que amplía la dolarización parcial de bienes esenciales en la isla.

Aunque el incremento puede parecer moderado en términos nominales —el precio anterior era de 213 CUP—, representa un aumento cercano al 64 % respecto a la tarifa vigente durante los últimos años. Aunque el uso de GLP era la fuente más utilizada tradicionalmente en el país para la cocción de alimentos, las interrupciones en su distribución empujaron a miles de familias a depender de la energía eléctrica, también inestable. Mientras la inseguridad eléctrica se profundiza, los hogares sobre todo en zonas urbanas, imposibilitados de cocinar con leña o carbón digital, necesitan el acceso al combustible para elaborar sus alimentos. La situación es tan grave que el observatorio ha documentado más de un 60% de familias modificando dietas y rutinas alimentarias, así como recortando una toma de alimentos diaria.

En ese contexto, el aumento del precio añade una nueva presión económica sobre familias cuyo presupuesto ya estaba prácticamente absorbido por la alimentación. Food Monitor Program recuerda que la seguridad alimentaria es multifactorial y no culmina en el acceso a los alimentos, sino que incluye la capacidad para preservarlos, así como su higiene, cocción y desuso. Según la Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria 2025 uno de cada tres hogares cubanos experimentó hambre recientemente, allí donde los apagones, la falta de agua y las dificultades para cocinar agravaron la situación. El incremento del precio del gas incorpora un nuevo costo a una cadena de gastos esenciales que ya estaba al límite.

Según los últimos estudios sobre el costo de la canasta básica alimentaria de Food Monitor Program, dos adultos en La Habana necesitan alrededor de 41.735 CUP al mes para mantener una dieta apenas suficiente. Esa cifra equivale a cerca de 20 salarios mínimos o aproximadamente dos años de pensión mínima, de acuerdo con los ingresos oficiales vigentes. Sin embargo, el análisis no incorpora los costos de cocción como la compra de combustible, tampoco la compra de otros servicios públicos indispensables, que se comercializan en el mercado negro. 

En adición, la crisis energética también tiene impacto directo en la inflación alimentaria. La menor disponibilidad de combustible afecta la cosecha, el transporte, la refrigeración, la producción y distribución de mercancías. Como resultado, la oferta disminuye mientras los costos continúan aumentando, alimentando un círculo de inflación que golpea especialmente a los productos básicos. En ese escenario, cualquier incremento en un servicio esencial como el gas reduce aún más la capacidad de los hogares para cubrir otras necesidades, desde medicamentos hasta transporte o higiene.

Junto con el aumento del precio, las autoridades anunciaron que determinados cilindros y accesorios relacionados con el servicio de gas comenzarán a comercializarse en dólares estadounidenses. La medida se suma a la creciente dolarización parcial de numerosos sectores de la economía cubana, donde cada vez más bienes básicos solo pueden adquirirse mediante divisas o tarjetas vinculadas a monedas extranjeras. Para la mayoría de las familias que dependen exclusivamente de salarios estatales o pensiones pagadas en pesos cubanos, esto supone una nueva barrera de acceso.

El aumento del precio del gas refleja una realidad cada vez más evidente en Cuba: la crisis multifactorial impacta e interviene sistémicamente servicios y bienes básicos dañando seriamente ya no la capacidad de bienestar, sino de mínima supervivencia para los cubanos. Con apagones diarios, dificultades para acceder al agua potable, inflación persistente y una capacidad adquisitiva cada vez más reducida, cocinar un plato de comida implica también disponer de combustible, electricidad o leña, recursos cuya disponibilidad y costo se han convertido en otro factor determinante de la seguridad alimentaria. En una economía donde millones de cubanos ya destinan prácticamente todo su ingreso a sobrevivir, el encarecimiento del gas añade un nuevo eslabón a una cadena de costos que hace cada vez más difícil algo tan básico como llevar comida caliente a la mesa.

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