


TESTIMONIO
Ahorrar los huevos, la única proteína en una comunidad semirural
El huevo, históricamente uno de los alimentos proteicos más accesibles para amplios sectores de la población cubana, se ha convertido en un producto escaso, caro y difícil de conseguir de manera estable. A la inflación sostenida, el deterioro del transporte y la falta de combustible se suma el colapso parcial de la producción agropecuaria y la ausencia de insumos esenciales como pienso animal, medicamentos veterinarios o sistemas de distribución funcionales. En consecuencia, muchas familias han comenzado a criar pequeños grupos de gallinas en patios, solares y otros espacios para garantizar un mínimo de proteína en la dieta cotidiana a falta de acceso a cárnicos, lácteos o pescados.


La situación resulta especialmente grave en comunidades alejadas de centros urbanos, donde el acceso a alimentos básicos depende cada vez más de redes informales que funcionan al margen de la ley, transporte precario y mecanismos de autoabastecimiento. El siguiente testimonio, recogido en una comunidad ubicada a unos veinte kilómetros de una ciudad cabecera en provincia, refleja esta realidad:
Yo llevo tiempo criando gallinas, pero desde hace unos meses empecé a meter más pollos en el patio porque el huevo se ha puesto demasiado caro. Ahora mismo estamos produciendo nuestros propios huevos para la casa y para la familia. El problema es que no hay pienso para alimentarlas. Aquí les damos comején, a veces les buscamos lombrices o les echamos cáscaras de la comida. También las dejamos sueltas por el patio para que piquen bichitos y cualquier cosa que encuentren, porque no hay otra opción. Yo no puedo meterlas en jaulas porque sin pienso las gallinas no ponen igual. Pero bueno, siempre salen algunos huevos y con eso vamos viviendo. Además, cualquier cosa, uno tiene una gallinita o un pollo para hacer un caldo si hace falta.
Aquí en esta zona el huevo blanco a veces vale incluso más caro que en la ciudad, y estamos a casi veinte kilómetros. Hay gente que dice que el huevo se encarece si vienes por el camino viejo, porque por el nuevo a veces la policía para a la gente y les quita lo que traen o no los deja vender si no tienen la patente que les exigen. Por eso aquí casi nunca hay nada. Tienes que resolver por tu cuenta, porque si no, no comes o comes lo que puedas sembrar nada más, sin variedad ni nada. La vuelta que hay que dar por la carretera vieja es muy grande y entonces en el ramal nuevo siempre está la patrulla para quitarte lo que pueda.
Mira cómo está esto aquí. Ya ni puerco se puede criar porque no hay pienso, no hay medicinas, no hay miel de purgas, no hay nada. Entonces con las gallinas más o menos uno se defiende, porque tienes que comer proteína de alguna forma. Aquí no hay río ni presa, no se puede pescar, y lo único que queda es tratar de comerse un huevo cuando aparece. Desde la ciudad casi nunca traen huevos y cuando llegan se acaban enseguida. Es que los inspectores les caen arriba y les decomisan o les piden “el impuesto” para que ellos resuelvan también.
Tú sabes, que le piden que les den productos de los que traen para ellos mismos resolver, el inspector vive de eso, de quitarle al otro para dejarlo trabajar. Si tú les “dejas caer algo”, ellos se van contentos y no te “joden” más por un tiempo, pero siempre hay que tenerlos así, dándoles y dándoles para que te dejen vivir, por eso aquí mucha gente prefiere no hacer nada, para que alguien que no trabaja te quite lo que tú con tu esfuerzo produces.


Y mira el pan. Aquí nunca hay pan. Yo hacía como dos meses que no me comía un pedazo de pan. El otro día fui con mi mujer al pueblo a buscar un foco para la casa, porque, aunque casi nunca hay corriente, quiero poner una lucecita donde duermen los pollos para que las ratas no se los coman. Ese día compramos una barra de pan para comérnosla allá mismo porque teníamos mucha hambre y no había más nada que comer. Ahora mismo de esos huevos es que estamos viviendo prácticamente. (…)
Ese comején que tú ves ahí, yo lo busqué por allá por El Paso, cerca de las lomas, hasta allá fui para traerlo en un saco porque eso sí lo aprovechan mucho las gallinas; (…) ojalá pudiera darles uno todos los días, pero esos hay que buscarlos bien monte adentro y puedes virar de lejos con las manos vacías. (…) Yo creo que si aquí no pasa algo pronto se va a empezar a ver cómo hay gente pasando hambre y como se dice, pasando miseria porque así no se puede seguir, pero ¿qué puedes hacer tú?
Cuando tengo varias gallinitas sacando a la vez, puedo vender algunos huevitos. Yo voy hasta el pueblo en la bicicleta con un par de filis (cartones de 30 unidades), así suavecito, y a veces los vendo antes de llegar porque la gente me conoce y sabe que yo los vendo a 3000 pesos, nada más, cuando en la ciudad valen 3400. Con eso es que estamos viviendo prácticamente, si no fuera por eso yo no sé qué estaríamos comiendo; (…) todo está muy malo, muy malo, muy malo y ya uno lo que quiere es que la cosa cambie.
