


TESTIMONIO
Efraín: vivir de la tierra en “La zona”, Guantánamo
En las intrincadas montañas de Guantánamo, en una comunidad conocida simplemente como “La zona”, vive Efraín, un campesino que ha dedicado toda su existencia al cultivo de la tierra. Se define a sí mismo como un “simple campesino”, pero su día a día deja ver una forma de vida autosuficiente, en una lucha constante contra el clima, las plagas y las propias estructuras que deberían respaldarlo.
¿Vale la pena vivir de la tierra? En otro país quizás, en Cuba es difícil, así que hay que estar al filo del machete y así vivimos.
Con esa frase resume décadas de experiencia. Comenzó a trabajar la tierra siendo apenas un niño y no oculta la dureza del oficio:
Yo vivo de esto desde que era un vejigo, y no es trabajo para flojos. En ‘La zona’ hay que luchar demasiado con el clima, las plagas y los mismos dirigentes, por eso es que cada vez hay menos personas trabajando la tierra, además de que el Estado no ayuda cuando hace falta.
El principal cultivo de Efraín es la malanga, sin embargo, enfrenta las carencias del sistema de acopio estatal que lo asfixia económicamente:
Yo mismo lo que siembro es malanga, pero es un abuso, tanto sembrarla como venderla porque el Estado te la compra a 60 pesos la libra aproximadamente y el particular a 120. ¿Tú crees que nosotros podemos vivir así? ¡No hombre, no!
Esa diferencia de precios lo empuja a rechazar las entregas oficiales:
El Estado siempre quiere ganar, nunca pierde, pero entonces el que pierde es uno. Además, ¿qué tú haces cuando te exigen y vuelven y te exigen, pero no te dan condiciones? Pues nada, al menos no para ellos. Ni el café, ni el plátano, ni el boniato, ningún producto lo quieren a precio de mercado, por eso hay que venderlo al informal o al que paga más caro.
¡Ah, lo otro! a nosotros, el negociante de la calle nos paga en efectivo y no hay invento con atrasos en los pagos de producciones como con la cooperativa ni hay que recibir transferencias. No es raro que sea en sacos de dinero que a veces no alcanza un día entero para contarlo. Por eso ellos saben que no nos pueden fallar con la cantidad de dinero porque este es su negocio y nosotros somos su fuente. Pero hasta ahora yo por lo menos no he tenido problemas.


La geografía de “La zona”, casas separadas por kilómetros de monte, facilita las transacciones discretas:
Para vender hay que hacerlo por la montaña, mientras más lejos mejor, porque aquí no es como en el llano; aquí los vecinos estamos a kilómetros de distancia unos de otros, así que es más fácil para nosotros poder cuidar y negociar lo de uno….aunque siempre hay un chivato, sobre todo de la Cooperativa o de la delegación de la agricultura que está pendiente a lo que uno hace. La ventaja es que los chivatos acostumbran a venir en carro y como uno sabe que aquí casi no suben, pues dice: ‘Ahí vienen’ y uno se prepara
En las montañas, la solidaridad es la única red de seguridad real. Aunque se puede contratar mano de obra, la costumbre más extendida es la ayuda mutua:
Aquí vivimos ayudándonos los unos a los otros. Es verdad que puedes pagar por fuerza de trabajo, pero por las mismas condiciones climáticas de las montañas y la fase de la luna y mil factores que solo los campesinos conocen nos ayudamos en las jornadas. Eso sí, hoy por ti, mañana por mí; así que, si yo trabajo en tu campo hoy, cuando me haga falta vas a venir al mío.
El testimonio de Efraín es el retrato crudo de una forma de vida que sobrevive a pesar de todo, sostenida por el ingenio, la solidaridad entre vecinos y la decisión de no rendirse ante un sistema ineficiente, que siempre gana excepto cuando el campesino elige otro camino. En “La zona”, comunidad montañosa de Guantánamo, vivir de la tierra sigue siendo posible, pero solo al filo del machete y de la legalidad.
