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Además de los gastos de electricidad, salarios, materias primas e impuestos, reserva una cantidad para un concepto que considera prácticamente inevitable: las multas.

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"No es que quiera incumplir la ley", aclara mientras acomoda varias cajas de refrescos en el interior de su pequeña cafetería. "Es que ya asumí que tarde o temprano me van a encontrar algo. Siempre encuentran algo."

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Antonio es dueño de un agromercado en Habana del Este y lleva varios años administrando un negocio de alimentos. Durante ese tiempo, asegura haber aprendido que las modificaciones económicas anunciadas por el Gobierno rara vez significan un alivio real para quienes trabajan por cuenta propia.

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"Ahora pueden anunciar 176 medidas más para arreglar la economía, pero mientras la mentalidad siga siendo perseguir al sector privado, todo va a seguir igual."

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Como ejemplo menciona la eliminación de los topes de precios para algunos productos, entre ellos el pollo y las pastas alimenticias. Esta a su vez, forma parte del reciente paquete de medidas económicas anunciadas para sortear la crisis que afecta la isla.

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"Eso, en teoría, parece una buena noticia porque ya no te pueden sancionar por vender el pollo al precio que tú quieras, pero inmediatamente aparece otra cosa para joderte."

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Según explica, el foco de las inspecciones simplemente cambia.

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"Si ya no pueden multarte por el precio, entonces revisan la procedencia de la mercancía. Si consideran que falta una factura o que hay algún problema con la documentación, la multa que antes era de ocho mil pesos ahora puede llegar a dieciséis mil. Es como si te dieran la mano con una y al mismo tiempo te hundieran con otra."

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Para Antonio, el costo de una inspección desfavorable puede representar una parte importante de las ganancias de varias jornadas.

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"Por eso yo tengo un dinero reservado para pagar multas. Es triste decirlo, forma parte del presupuesto del mercado, pero lo malo es cuando la multa que te quieren pegar es más alta de lo que tienes guardado, ahí te empieza a afectar y tienes que hacerte un mago para pagarles a los trabajadores."

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El comerciante también describe lo que, según su experiencia, se ha convertido en una práctica habitual durante las inspecciones.

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"Antes muchas veces los inspectores llegaban caminando y daba tiempo a verlos venir. Si alguien los veía desde lejos, algunos comerciantes cerraban unos minutos mientras pasaba la inspección. Ahora vienen montados en carros particulares."

Más Testimonios

Relata que los vehículos se detienen justo frente a los establecimientos y los inspectores descienden directamente para iniciar la revisión.

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"Cuando te das cuenta ya los tienes dentro del local. Es una forma de sorprenderte."

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A su juicio, el ambiente que generan estas visitas no contribuye a mejorar la actividad económica y mucho menos contribuye a reparar la ya maltrecha situación alimentaria del pueblo cubano.

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"Uno trabaja todo el tiempo bajo presión. No estás pensando solamente en vender o en atender bien al cliente. Uno está en qué inspector puede aparecer hoy y qué detalle va a encontrar para multarte."

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El propietario insiste en que la mayoría de los pequeños negocios en Cuba intenta mantenerse operando dentro de las posibilidades que permite un mercado marcado por la escasez.

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"Conseguir mercancía ya es difícil. Mantener el refrigerador y la nevera funcionando también. Después vienen los apagones, la falta de combustible, el transporte... y encima tienes que vivir esperando una multa."

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Durante la conversación sostiene que, en su opinión, el objetivo de muchas inspecciones termina siendo sancionar.

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"Yo te puedo confirmar así con la mano en el corazón que vienen buscando cualquier detalle, por pequeño que sea. Ellos no vienen con la idea de ayudarte a corregir un problema ni nada de eso, lo de ellos es encontrar una infracción para acabar con lo poco de uno."

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Antonio añade otra afirmación que, según dice, circula ampliamente entre quienes trabajan en el sector privado.

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"Los inspectores tienen incentivos relacionados con las multas que imponen. Sinceramente yo creo que ellos ganan más mientras más multas le metan a los infelices por ahí."

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Pese a todo, Antonio asegura que no contempla cerrar su negocio.

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"¿Qué otra opción tengo? Esta cafetería mantiene a mi familia y también da empleo a otras personas. Uno sigue porque necesita trabajar."

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Sin embargo, considera que las medidas económicas tendrán un alcance limitado mientras no cambie la relación entre las autoridades y el sector privado.

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“El verdadero problema para nosotros los trabajadores privados no es que saquen una resolución o cambien de ahora para luego los topes de precio, eso ellos (el gobierno cubano) lo han hecho toda la vida. Lo que pasa es que muchos sentimos que nos ven como sospechosos desde el primer día, ellos nos ven como el enemigo. Mientras esa mentalidad no cambie, podrán anunciar 176 o las medidas que quieran. Nosotros seguiremos trabajando con el mismo miedo de siempre."

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Su conclusión resume el sentimiento con el que, asegura, convive buena parte de los pequeños emprendedores cubanos. Las inspecciones constantes afectan directamente el funcionamiento de los negocios privados al punto de reconfigurar lo que debería ser una correcta planificación de inversión y beneficio. Para Antonio, vender alimentos es una tarea que disfruta y lo sostiene económicamente incluso a pesar de las multas, mas, la verdadera penalización no viene del dinero, sino de la criminalización encubierta de una actividad que es constitucionalmente legal.

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Testimonio No. 46

"Aunque saquen 176 medidas más, al privado lo van a seguir persiguiendo": el testimonio de un empresario habanero

Cada vez que cierra la caja al final del día, un pequeño empresario de La Habana hace un cálculo que no aparece en ningún manual de contabilidad.

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