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Testimonio No. 49

La informalidad como "salvavidas"

Yosvany confiesa que no le tiene miedo al trabajo. Desde jovencito ha laborado en varias áreas del comercio y otros rubros de la economía.

La experiencia que ha obtenido en la práctica cotidiana le ha servido para diseñar un modelo de negocio de supervivencia que, a pesar de ser considerado “informal” por las autoridades, se mantiene en esa área gris de las actividades que son toleradas, al margen del cumplimiento más estricto de lo que está estipulado en la legalidad ordinaria.

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Sus principales productos son frutas, viandas y hortalizas, aunque en su caso, obtener toda esa variedad de productos agrícolas cada vez que sale a vender resulta difícil y caro, por lo que él ha creado un sistema sencillo pero funcional para rotar sus mercancías y mantenerse al tanto de lo que el consumidor necesita. El día en que nos ofreció su testimonio tenía chirimoyas y tres tipos de plátano en venta: plátano burro, plátano manzano y plátano johnson.

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La capacidad de improvisación y el esfuerzo físico se combinan en sus métodos de venta para llegarle a la mayor cantidad de público posible y a la vez evitar encuentros innecesarios con inspectores intransigentes o corruptos que buscan extorsionar al vendedor. En este caso tenía sus productos expuestos en la baranda de un puente a la vista del transporte que pasa sobre la hora del final de la jornada laboral por la zona. Antes ha debido acarrear él mismo toda la mercancía en sacos o carretilla desde una distancia considerable, pues pagar la trasportación sumaría un costo adicional que bajaría demasiado el margen de ganancia.

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Al comentarnos sobre esa forma de venta itinerante nos explica que no siempre es bueno tener un puesto fijo en un lugar ya que eso funciona a quien tiene acceso a una mayor variedad de productos o vende a un precio más alto, amparado por relaciones o contactos que no todo el mundo puede tener. En su situación, él puede decidir en cualquier momento, si la “venta está mala” en el lugar donde está, trasladarse con su mercancía en tiempo real y probar suerte en otro punto. Esto limita obviamente la cantidad y variedad de producto que él puede llevar consigo en un momento dado, pero es una alternativa que le funciona teniendo en cuenta su situación particular.

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Lo que no se puede hacer es virar con la mercancía para la casa, -nos comenta- eso lo haces cuando no te queda más remedio porque la mercancía merma y aquí bajo el sol pasan horas y lo mejor es salir rápido de las cosas. Por eso yo no caliento los precios porque lo que hago es vender rápido aquí y si el día está bueno, si se vende bien, salgo y busco más. Ahora mismo yo tengo todo aquí más barato que en las carretillas y algunas cosas diez y veinte pesos más baratas, porque me conviene.

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Sobre la idea de pasar a un punto fijo y asumir la completa formalidad comenta:

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Hay quien le conviene eso y hay quien no. Hay gente que tiene contactos, que están “protegidos” o tienen un “padrino”, a ellos casi no les afecta el tope de precios ni le tiran inspectores encima; también tienen suministradores, pero igual no te dejes engañar, muchos de los carretilleros están trabajando para otra gente, hay dueños que tienen 10 carretillas y buscan las cosas en carros fuera de la ciudad o en las lomas a un mejor precio, pero eso no todo el mundo puede hacerlo.

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Si tú vas en un camión y cargas un saquito con aguacate, por ejemplo, te lo pueden quitar en la carretera (la policía) y pierdes el dinero. Si te decomisan algo no lo ves más y ahí se te van miles de pesos que necesitas para la otra compra. El que tiene “padrino” no necesita eso, pero el que está luchando aquí en la carretera tiene que cuidarse más porque este es su salvavidas. Solamente una carretilla vacía de uso puede salir en 20 mil pesos y más, una de veinte mil es una malita que tienes que arreglarla y después están los papeles y los inspectores; (…) la mercancía, eso tienes que llenarlo, no puedes andar con un saco nada más. Eso no es para todo el mundo.

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La sombrilla de inspección que el Estado ha colocado encima de los pequeños vendedores privados es un peso que no todos lo modelos de micronegocio pueden soportar. A ello se suma la discrecionalidad en la aplicación de la ley y el hecho real de que en el sistema actual de comercio minorista las redes de influencia y corrupción tienen un peso importante.

 

Para algunos, estos negocios flexibles de venta al detalle de baja escala, lejos de ser un medio de enriquecimiento son formas de sobrellevar la crisis de una manera ingeniosa, aunque caigan en una zona gris de la ley. Lo ideal sería crear incentivos para sumarlos a la formalidad sin que pierdan la capacidad de mantener un margen de ganancia atractivo. Ese tipo de incentivos debe inscribirse en un cambio estructural más grande que permanece enunciado por el Estado, pero aún no se concreta, generando suspicacias en los emprendedores.

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En el momento actual de la economía en que el dólar estadounidense se cotiza entre 710 y 730 pesos cubanos, con tendencia al alza, es muy poco probable que un cambio repentino pueda resolver de manera inmediata las asimetrías profundas que existen entre oferta y demanda, al menos para el sector trabajador de la población. Esto influye en esa estructura de incentivos ausente que se precisa para compensar los precios inflacionarios y las carencias de formas alternativas de gestión amparadas por la ley, como serían las patentes o permisos temporales, fáciles de obtener de manera expedita y que sirvan como antesala para la completa formalidad cuando sea el caso. Por ahora, este camino para sumar al pequeño emprendedor informal a los sistemas de beneficio e imposición fiscal definitivamente no existe.

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  1.  Subir el precio

  2.  Módulos rústicos con ruedas que portan mercancía y son generalmente móviles

  3.  Un funcionario o persona influyente con poder político que brinda protección, usualmente a cambio de dinero, productos u otra forma de compensación​

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